La afección de los riñones puede aguda (IRA) o crónica (IRC). La IRA se  instaura en forma rápida y es de naturaleza reversible en diferentes grados con el tratamiento adecuado. Puede tener  distinta severidad,  desde leve a llegar a requerir tratamiento sustitutivo renal (hemodiálisis o diálisis peritoneal) en forma transitoria.

En la IRC se destruyen las nefronas lenta y silenciosamente, y pueden transcurrir años o décadas antes de que se manifieste el daño y el paciente puede no tener ningún síntoma de la enfermedad hasta etapas avanzadas.  Este daño de la IRC es de naturaleza no reversible (persistente) y una vez detectado se debe evaluar el grado de compromiso de la función renal (leve, moderado o grave) y establecer las medidas terapéuticas y dietéticas a fin de detener lo más posible el progreso de este daño. Si el daño de la IRC ya es severo y el paciente presenta manifestaciones de intoxicación urémica o imposibilidad de eliminar adecuadamente los líquidos, los ácidos o las toxinas del organismo a pesar haberse instaurado el tratamiento médico adecuado, es cuando se indica una medida de sustitución de la función renal, que puede ser hemodiálisis crónica, diálisis peritoneal o, en pacientes adecuados, un transplante de riñón.

Las dos causas de enfermedad de los riñones e insuficiencia renal crónica más comunes en nuestro medio son la diabetes y la hipertensión (tensión arterial alta), por eso la importancia de controlar adecuadamente estas dos patologías, muchas veces silenciosas, con médicos diabetologo, nefrólogo, cardiólogo, y nutricionista, para que al momento de la detección las enfermedades  no sea demasiado tarde para empezar a cuidar los riñones.